Independientemente del origen patricio y romano de la Parentalia, la luna llena de hoy merece ser celebrada con los ojos puestos en los ancestros.
Es simple: nosotros somos porque ellos fueron, y gracias al esfuerzo y sufrimiento de muchos miles de seres humanos que lograron sobrevivir y ayudaron a vivir a otros, estamos vivos en este preciso momento.
No todos los padres son buenos padres, ni todos los hijos son buenos hijos, y no todas las familias son funcionales. Sin embargo, es innegable que, si al nacer no hubiésemos contado con la asistencia de otro ser humano, no habríamos sobrevivido.
Tal es la fragilidad de nuestra especie que necesitamos de los otros para poder llegar a ser adultos. En nuestra interdependencia hay, también, belleza y generosidad.
Más allá de los casos particulares, la especie humana es una gran familia multitudinaria. Los lazos de aquellos que consiguieron llegar a edad reproductiva y dar a luz, los de aquellos que cuidaron a su prole —o a una prole—, los esfuerzos de todos merecen un mes en el calendario helenista donde desempolvar los retratos y hacer ofrendas. Un mes para salvar a los nombres del olvido.
Como planta, la violeta africana -Saintpaulia ionantha- es una especie idónea para adornar los altares; como actividad, nada mejor que la genealogía.
Todos somos gracias a alguien en una cadena que parece casi infinita, que se extiende a través de los parientes más próximos y ramifica cruzando familias, uniendo clanes hasta llegar al origen de la especie, hasta el mismo origen del tiempo y de la vida.
Difícilmente desde nuestra individualidad comprendemos que estamos relacionados con los distintos tiempos —Edad Contemporánea, Moderna, Medieval, Antigua— a través de numerosas culturas y, sobre todo, a través de innumerables esfuerzos.
Exceptuando el código genético, todo lo que ellos fueron se va desdibujando con las décadas y los siglos, hasta que nosotros mismos seamos, también, olvidados.
Las antiguas fuentes nos recuerdan la importancia de honrar a los ancestros. En la "Teogonía" de Hesíodo, la línea de los dioses se perpetúa a través de generaciones, mostrando cómo los lazos familiares son la base del orden cósmico. Asimismo, en la "Eneida" de Virgilio, el héroe Eneas honra a su padre Anquises con sacrificios y respeto, reconociendo que el legado de los antepasados es vital para el futuro de una civilización. En las tradiciones griegas y romanas, el recuerdo de los muertos a través de las ofrendas asegura su pervivencia en la memoria colectiva.
En nombre de todos ellos, celebremos un mes de agradecimiento y reconocimiento porque, aun sin querer, la vida se perpetúa a sí misma, indistintamente, siendo un milagro y una maldición.
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