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Mostrando las entradas etiquetadas como Poetry

Invierno II de "Miserable"

Sarcófago etrusco (S. III a.n.e.)  En tu cuerpo duermo esta noche,  Apilado sobre tu carne, abrigado Sintiendo tu calor, tus formas Siento tus rosados labios  que me arrancan la boca. Siento que me quiebro, me rearmo, entre tus piernas, entre tu musculatura. Despojado de ropa entre tus brazos, sintiendo cada una de tus partes. Tus manos me recorren, me conocen. Tus ojos destellan un color claro. Ilumina el cuarto nuestro fuego, Y. sin embargo, estamos tan quietos... Ahora susurro palabras a tu oído, balbuceo deseos no descritos y escucho el quebrar de mis venas, (aún no puedo creer que estés aquí conmigo). Y rompiendo las murallas, entre sábanas, los espíritus se encienden en la noche y el ajenjo de Eros gira dentro nuestro. ¡Cuánta belleza, ardemos por dentro, entre brillos de lava y aromas de incienso! Llenan el aire los gemidos pasionales y afuera los fantasmas giran en círculo, consagrando este momento único. Y mientras, por las ventanas empañadas repetimos el sagrado...

"La loba" por Alfonsina Storni

"Chica frente un espejo" de Pablo Picasso (1932) Yo soy como la loba. Quebré con el rebaño Y me fui a la montaña Fatigada del llano. Yo tengo un hijo fruto del amor, de amor sin ley, Que no pude ser como las otras, casta de buey Con yugo al cuello; ¡libre se eleve mi cabeza! Yo quiero con mis manos apartar la maleza. Mirad cómo se ríen y cómo me señalan Porque lo digo así: (Las ovejitas balan Porque ven que una loba ha entrado en el corral Y saben que las lobas vienen del matorral). ¡Pobrecitas y mansas ovejas del rebaño! No temáis a la loba, ella no os hará daño. Pero tampoco riáis, que sus dientes son finos ¡Y en el bosque aprendieron sus manejos felinos! No os robará la loba al pastor, no os inquietéis; Yo sé que alguien lo dijo y vosotras lo creéis Pero sin fundamento, que no sabe robar Esa loba; ¡sus dientes son armas de matar! Ha entrado en el corral porque sí, porque gusta De ver cómo al llegar el rebaño se asusta, Y cómo disimula con risas su temor Bosquejando en el...

"Oda al viento"

Viento, llevas en tu vuelo el canto de los mares, el susurro de los bosques, el murmullo de los ríos. Viento, eres el mensajero de las voces olvidadas, de los pensamientos perdidos, de las esperanzas rotas en el eco del tiempo. Viento, moldeas la piedra con tus manos invisibles, despiertas las flores dormidas, agitas las hojas caídas. Viento, eres el espíritu libre que recorre el mundo sin descanso. Que lleva consigo los perfumes de la vida. Que esparce las semillas del tiempo. Acaríciame, roza tu mano generosa por mi pelo. Déjame soñar que me elevas en tu vuelo. Como fuerza atemporal, me liberas de mi mortalidad. Como poder invisible, me envuelve y protege tu bondad.

"Peso ancestral" por Alfonsina Storni

Tú me dijiste: no lloró mi padre; tú me dijiste: no lloró mi abuelo; no han llorado los hombres de mi raza, eran de acero. Así diciendo te brotó una lágrima y me cayó en la boca; más veneno yo no he bebido nunca en otro vaso así pequeño. Débil mujer, pobre mujer que entiende, dolor de siglos conocí al beberlo. Oh, el alma mía soportar no puede todo su peso.

"A mi madre" por Rosalía de Castro

I. ¡Ay!, cuando los hijos mueren, rosas tempranas de abril, de la madre el tierno llanto vela su eterno dormir. Ni van solos a la tumba, ¡ay!, que el eterno sufrir de la madre, sigue al hijo a las regiones sin fin. Mas cuando muere una madre, único amor que hay aquí; ¡ay!, cuando una madre muere, debiera un hijo morir. II. Yo tuve una dulce madre, concediéramela el cielo, más tierna que la ternura, más ángel que mi ángel bueno. En su regazo amoroso, sonaba… ¡sueño quimérico! dejar esta ingrata vida al blando son de sus rezos. Mas la dulce madre mía, sintió el corazón enfermo, ternura y dolores, ¡ay!, derritióse en su pecho. Pronto las tristes campanas dieron al viento sus ecos; murióse la madre mía; sentí rasgarse mi seno. La virgen de las Mercedes, estaba junto a mi lecho… Tengo otra madre en lo alto… ¡por eso yo no me he muerto!

"El estudiante de Salamanca" por José de Espronceda

     Era más de media noche, antiguas historias cuentan, cuando en sueño y en silencio lóbrego envuelta la tierra, los vivos muertos parecen, los muertos la tumba dejan. Era la hora en que acaso temerosas voces suenan informes, en que se escuchan tácitas pisadas huecas, y pavorosas fantasmas entre las densas tinieblas vagan, y aúllan los perros amedrentados al verlas: En que tal vez la campana de alguna arruinada iglesia da misteriosos sonidos de maldición y anatema, que los sábados convoca a las brujas a su fiesta. El cielo estaba sombrío, no vislumbraba una estrella, silbaba lúgubre el viento, y allá en el aire, cual negras fantasmas, se dibujaban las torres de las iglesias, y del gótico castillo las altísimas almenas, donde canta o reza acaso temeroso el centinela. Todo en fin a media noche reposaba, y tumba era de sus dormidos vivientes la antigua ciudad que riega el Tormes, fecundo río, nombrado de los poetas, la famosa Salamanca, insigne en armas y letras, patria d...

"La muerte del mar" por Gabriela Mistral

Fragmento de "Las tres edades de la mujer" de Gustav Klimt (1905) El mar sus millares de olas mece, divino. Oyendo a los mares amantes, mezo a mi niño. El viento errabundo en la noche mece los trigos. Oyendo a los vientos amantes, mezo a mi niño. Dios Padre sus miles de mundos mece sin ruido. Sintiendo su mano en la sombra, mezo a mi niño.

"Llagas de amor" por Federico García Lorca

Esta luz, este fuego que devora. Este paisaje gris que me rodea. Este dolor por una sola idea. Esta angustia de cielo, mundo y hora. Este llanto de sangre que decora lira sin pulso ya, lúbrica tea. Este peso del mar que me golpea. Este alacrán que por mi pecho mora. Son guirnalda de amor, cama de herido, donde sin sueño, sueño tu presencia entre las ruinas de mi pecho hundido. Y aunque busco la cumbre de prudencia me da tu corazón valle tendido con cicuta y pasión de amarga ciencia.

"Niña" por Octavio Paz

  A Laura Elena Nombras el árbol, niña. Y el árbol crece, lento, alto deslumbramiento, hasta volvernos verde la mirada. Nombras el cielo, niña. Y las nubes pelean con el viento y el espacio se vuelve un transparente campo de batalla. Nombras el agua, niña. Y el agua brota, no sé dónde, brilla en las hojas, habla entre las piedras y en húmedos vapores nos convierte. No dices nada, niña. Y la ola amarilla, la marea de sol, en su cresta nos alza, en los cuatro horizontes nos dispersa y nos devuelve, intactos, en el centro del día, a ser nosotros.

"El oso, la mona y el cerdo" por Tomás de Iriarte

Un oso, con que la vida se ganaba un piamontés,  la no muy bien aprendida danza ensayaba en dos pies.   Queriendo hacer de persona, dijo a una mona: «¿Qué tal?»  Era perita la mona, y respondióle: «Muy mal».  «Yo creo», replicó el oso, «que me haces poco favor.  Pues ¿qué?, ¿mi aire no es garboso? ¿no hago el paso con primor?».  Estaba el cerdo presente, y dijo: «¡Bravo! ¡Bien va!  Bailarín más excelente no se ha visto, ni verá!».   Echó el oso, al oír esto, sus cuentas allá entre sí,  y con ademán modesto hubo de exclamar así:  «Cuando me desaprobaba la mona, llegué a dudar;  mas ya que el cerdo me alaba, muy mal debo de bailar».  Guarde para su regalo esta sentencia el autor:  si el sabio no aprueba, ¡malo! si el necio aplaude, ¡peor! 

"El león" por Alfonsina Storni

Entre barrotes negros, la dorada melena Paseas lentamente, y te tiendes por fin Descansando los tristes ojos sobre la arena Que brilla en los angostos senderos del jardín. Bajo el sol de la tarde te has quedado sereno Y ante tus ojos pasa, fresca y primaveral, La niña de quince años con su esponjado seno: ¿sueñas echarle garras, oh goloso animal? Miro tus grandes uñas, inútiles y corvas, Se abren tus fauces; veo el inútil molar, E inútiles como ellos van tus miradas torvas A morir en el hombre que te viene a mirar. El hombre que te mira tiene las manos finas, Tiene los ojos fijos y claros como tú. Se sonríe al mirarte. Tiene las manos finas, León, los ojos tiene como los tienes tú. Un día, suavemente, con sus corteses modos Hizo el hombre la jaula para encerrarte allí, Y ahora te contempla, apoyado en los codos, Sobre el hierro prudente que los aparta de ti. No cede. Bien los sabes. Diez veces en un día Tu cuerpo contra el hierro carcelario se fue: Diez veces contra el hierro fue inúti...

"Rostro de vos" por Mario Benedetti

Tengo una soledad tan concurrida tan llena de nostalgias y de rostros de vos de adioses hace tiempo y besos bienvenidos de primeras de cambio y de último vagón. Tengo una soledad tan concurrida que puedo organizarla como una procesión por colores tamaños y promesas por época por tacto y por sabor. Sin un temblor de más, me abrazo a tus ausencias que asisten y me asisten con mi rostro de vos. Estoy lleno de sombras de noches y deseos de risas y de alguna maldición. Mis huéspedes concurren, concurren como sueños con sus rencores nuevos su falta de candor. Yo les pongo una escoba tras la puerta porque quiero estar solo con mi rostro de vos. Pero el rostro de vos mira a otra parte con sus ojos de amor que ya no aman como víveres que buscan a su hambre miran y miran y apagan la jornada. Las paredes se van queda la noche las nostalgias se van no queda nada. Ya mi rostro de vos cierra los ojos. Y es una soledad tan desolada.

"A capella" por Marilina Ross

A veces quisiera que no me do lieran cosas que yo sé que no puedo evitar. A veces quisiera que no fueran ciertas las trampas que, intuyo, nos van a atrapar. A veces quisiera ser extraterrestre, para no ser cómplice de esta humanidad. Pero soy un chino que lo aplasta un tanque... y soy el soldado que en el tanque va... y soy dos mellizos temblando de miedo frente a la mentira y frente a la verdad... Y soy esa madre que regala un hijo... y soy esa otra, que lo va a criar saqueando mercados, blandiendo una bolsa, última defensa de su integridad... Y soy el político que sé que me miente, y soy el sirviente del F.M.I., soy el periodista que más me divierte, soy el presidente, que adelanta el fin... Y soy la impotencia, la angustia, la nada, soy una mirada que no aguanta ver... A veces quisiera que no me doliera pero no soy sabia... qué le voy a hacer.

José Ángel Buesa

"Carta a usted" Señora; según dicen, ya tiene usted otro amante. Lástima que la prisa nunca sea elegante... Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa se resigne a ser viuda, sin haber sido esposa. Y me parece injusto discutirle el derecho de compartir sus penas, sus gozos y su lecho; pero el amor, señora, cuando llega el olvido también tiene el derecho de un final distinguido. Perdón, si es que la hiere mi reproche, perdón, aunque sé que la herida no es en el corazón... Y, para perdonarme, piense si hay más despecho en lo que yo le digo que en lo que usted ha hecho; pues sepa que una dama con la espalda desnuda, sin luto, en una fiesta, puede ser una viuda, pero no, como tantas, de un difunto señor, sino, para ella sola; viuda de un gran amor. Y nuestro amor, recuerdo, fue un amor diferente, (al menos al principio, ya no, naturalmente). Usted era el crepúsculo a la orilla del mar, que, según quien la mire, será hermoso o vulgar. Usted era la flor que, según quien la co...

"La espera inútil" por Gabriela Mistral

"¿ Dije una y no más? ¡ Maldita mi suerte!" Yo me olvidé que se hizo ceniza tu pie ligero, y, como en los buenos tiempos, salí a encontrarte al sendero. Pasé valle, llano y río y el cantar se me hizo triste. La tarde volcó su vaso de luz ¡y tú no viniste! El sol fue desmenuzando su ardida y muerta amapola; flecos de niebla temblaron sobre el campo. ¡Estaba sola! Al viento otoñal, de un árbol crujió el blanqueado brazo. Tuve miedo y te llamé: "¡Amado, apresura el paso! Tengo miedo y tengo amor, ¡amado, el paso apresura!" Iba espesando la noche y creciendo mi locura. Me olvidé de que te hicieron sordo para mi clamor; me olvidé de tu silencio y de tu cárdeno albor; de tu inerte mano torpe ya para buscar mi mano; ¡de tus ojos dilatados del inquirir soberano! La noche ensanchó su charco de betún; el agorero búho con la horrible seda de su ala rasgó el sendero. No te volveré a llamar, que ya no haces tu jornada; mi desnuda planta sigue, la tuya está sosegada. Vano es ...

"A orillas del Duero" por Antonio Machado Ruiz

Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día. Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía, buscando los recodos de sombra, lentamente. A trechos me paraba para enjugar mi frente y dar algún respiro al pecho jadeante; o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia adelante y hacia la mano diestra vencido y apoyado en un bastón, a guisa de pastoril cayado, trepaba por los cerros que habitan las rapaces aves de altura, hollando las hierbas montaraces de fuerte olor —romero, tomillo, salvia, espliego—. Sobre los agrios campos caía un sol de fuego. Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo cruzaba solitario el puro azul del cielo. Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo, y una redonda loma cual recamado escudo, y cárdenos alcores sobre la parda tierra —harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra—, las serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero para formar la corva ballesta de un arquero en torno a Soria. —Soria es una barbacana, hacia Aragón, que tiene la torre castellana—. Veía el...

Alfonsina Storni III

"Tentación" 04/04/2008 Hoy las he visto, finalmente han llegado. Sagaces sombras negras: golondrinas, cortando con sus alas de tijera el viento tibio. Afuera llueve; cae pesadamente el agua que las gentes esquivan bajo abierto paraguas. Al verlos enfilados se acaba mi sosiego, me pesan las paredes y me seduce el riego sobre la espalda libre. Mi antecesor, el hombre que habitaba cavernas desprovisto de nombre, se ha venido esta noche a tentarme sin duda, porque, casta y desnuda,me iría por los campos bajo la lluvia fina, la cabellera alada como una golondrina. "La Miseria" Dijo Jona. Mi pared, mi amigo, mi confidente. Corazón mío, dice: ¿qué es aquello que así defiendes de la humana feria al esconderlo tanto? ¿Un sueño bello? Y el corazón responde: -Mi miseria-. Oh, con tan fiero empeño no la escondas; Los seres que circulan a tu lado te robarán acaso dichas hondas y todo sueño te será robado. Más tu miseria no; cese tu lidia, muestra tranquilo el fondo que la encie...

"En paz" por Amado Nervo

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida, porque nunca me diste ni esperanza fallida, ni trabajo injusto, ni pena inmerecida; porque veo al final de mi rudo camino que yo fui el arquitecto de mi propio destino; que si extraje la miel o la hiel de las cosas, fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas: cuando planté rosales, coseché siempre rosas. ...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno: ¡mas tu nunca me dijiste que mayo fuese eterno! Hallé sin duda largas las noches de mis penas; mas no me prometiste tu sólo noches buenas; y en cambio tuve algunas santamente serenas... Amé, fui amado, el sol acarició mi faz. ¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

"Canción otoñal" por Federico García Lorca

Hoy siento en el corazón un vago temblor de estrellas, pero mi senda se pierde en el alma de la niebla. La luz me troncha las alas y el dolor de mi tristeza va mojando los recuerdos en la fuente de la idea. Todas las rosas son blancas, tan blancas como mi pena, y no son las rosas blancas, que ha nevado sobre ellas. Antes tuvieron el iris. También sobre el alma nieva. La nieve del alma tiene copos de besos y escenas que se hundieron en la sombra o en la luz del que las piensa. La nieve cae de las rosas, pero la del alma queda, y la garra de los años hace un sudario con ellas. ¿Se deshelará la nieve cuando la muerte nos lleva? ¿O después habrá otra nieve y otras rosas más perfectas? ¿Será la paz con nosotros como Cristo nos enseña? ¿O nunca será posible la solución del problema? ¿Y si el amor nos engaña? ¿Quién la vida nos alienta si el crepúsculo nos hunde en la verdadera ciencia del Bien que quizá no exista, y del Mal que late cerca? ¿Si la esperanza se apaga y la Babel se comienza, qu...

"Fuera del mundo..." por José Martí

Fuera del mundo que batalla y luce Sin recordar a su infeliz cautivo, A un trabajo servil sujeto vivo Que a la muerte temprano me conduce. Mas hay junto a mi mesa una ventana Por donde entra la luz; y no daría Este rincón de la ventana mía ¡Por la mayor esplendidez humana!