I ¡Pues bien! yo necesito decirte que te adoro decirte que te quiero con todo el corazón; que es mucho lo que sufro, que es mucho lo que lloro, que ya no puedo tanto al grito que te imploro, te imploro y te hablo en nombre de mi última ilusión. II Yo quiero que tu sepas que ya hace muchos días estoy enfermo y pálido de tanto no dormir; que ya se han muerto todas las esperanzas mías, que están mis noches negras, tan negras y sombrías, que ya no sé ni dónde se alzaba el porvenir. III De noche, cuando pongo mis sienes en la almohada y hacia otro mundo quiero mi espíritu volver, camino mucho, mucho, y al fin de la jornada las formas de mi madre se pierden en la nada y tú de nuevo vuelves en mi alma a aparecer. IV Comprendo que tus besos jamás han de ser míos, comprendo que en tus ojos no me he de ver jamás, y te amo y en mis locos y ardientes desvaríos bendigo tus desdenes, adoro tus desvíos, y en vez de amarte menos te quiero mucho más. V A veces pienso en darte mi eterna despedida, borra...
I. Enómao Enómao aparece en las fuentes como hijo de Ares y Harpina , una ninfa asociada al río Alfeo . Esta filiación lo sitúa en un linaje donde la violencia y la fuerza divina se combinan con la raíz local de Élide. Harpina, vinculada a las aguas del Peloponeso, aporta la conexión territorial que convierte a Enómao en un rey plenamente integrado en la geografía sagrada de Olimpia. La figura de Enómao encarna la herencia de Ares de una manera singular. No es un guerrero errante ni un combatiente de la guerra de Troya, sino un rey que gobierna desde un lugar profundamente marcado por la presencia de los dioses. Su reino, Pisa , se encuentra junto al santuario de Zeus en Olimpia , lo que convierte su historia en parte del tejido religioso y político del Peloponeso. Su carácter, descrito como violento, desconfiado y dominado por impulsos destructivos, refleja la influencia de Ares. Pero al mismo tiempo, su papel como rey lo vincula a una tradición de poder territorial que se r...