¡Y amarle pude! Al sol de la existencia se abría apenas soñadora el alma... Perdió mi pobre corazón su calma desde el fatal instante en que le hallé. Sus palabras sonaron en mi oído como música blanda y deliciosa; subió a mi rostro el tinte de la rosa; como la hoja en el árbol vacilé. Su imagen en el sueño me acosaba siempre halagüeña, siempre enamorada; mil veces sorprendiste, madre amada, en mi boca un suspiro abrasador; y era él quien lo arrancaba de mi pecho; él, la fascinación de mis sentidos; él, ideal de mis sueños más queridos; él, mi primero, mi ferviente amor. Sin él, para mí el campo placentero en vez de flores me obsequiaba abrojos; sin él eran sombríos a mis ojos del sol los rayos en el mes de abril. Vivía de su vida apasionada; era el centro de mi alma el amor suyo; era mi aspiración, era mi orgullo... ¿Por qué tan presto me olvidaba el vil? No es mío ya su amor, que a otra prefiere. Sus caricias son frías como el hielo; es mentira su fe, finge desvelo... Mas no me engaña...
I. Anteros Anteros -Ἀντέρως-, cuyo nombre en griego significa "amor contrario" o "amor de regreso", es una figura que encarna el amor correspondido y el vengador de los desaires amorosos. Este matiz de justiciero definía claramente su función: castigar a aquellos que no correspondían el amor genuino de otros. Como hijo de Afrodita , diosa del amor, y Ares , dios de la guerra, Anteros encarna tanto la dulzura del afecto correspondido como la fuerza de la venganza por el desamor. Anteros era el hermano de Eros, el dios primordial del amor y el deseo, y su existencia, según algunos relatos, surge como un contrapunto necesario para que Eros mismo pudiese florecer. El relato del poeta griego Pausanias en su obra sugiere que Eros no podía crecer sin la presencia de Anteros: "El altar dentro de la ciudad llamado altar de Anteros dicen que fue dedicado por los metecos -extranjeros-, porque el ateniense Meles despreciaba el amor de Timágoras , un meteco...