Hermes , el mensajero alado de los dioses, hijo de Zeus y la pléyade Maya , es venerado como el divino patrono de las fronteras, los viajeros, el ingenio, el comercio y la astucia. Pero su legado no termina en sus propias hazañas; se extiende a través de una descendencia tan diversa y fascinante como los atributos del propio dios. Explorar a sus hijos, algo que haremos en los próximos días, es adentrarse en cómo estos arquetipos han influido profundamente en la cultura a lo largo de los siglos. I. Su prole divina, los hijos de Hermes La descendencia de Hermes es un reflejo de su naturaleza polifacética, abarcando desde deidades de la naturaleza y la fertilidad hasta héroes, ladrones y figuras que desafían las convenciones. Pan, travesura salvaje Hijo de Hermes y la ninfa Dríope , Pan es el dios de los pastores, los rebaños y la vida salvaje. Con su cuerpo mitad hombre y mitad cabra, es una figura alegre y traviesa, asociada a la fertilidad y la primavera. Su legado perdura en la música...
Encontré un viajero de comarcas remotas, que me dijo: «Dos piernas de granito, sin tronco, yacen en el desierto. Cerca, en la arena, rotas, las facciones de un rostro duermen… El ceño bronco, el labio contraído por el desdén, el gesto imperativo y tenso, del escultor conservan la penetrante fuerza que al esculpir ha puesto en su mano la burla del alma que preservan. Estas palabras solas el pedestal conmina: «Me llamo Ozymandias, rey de reyes. ¡Aprende en mi obra, oh poderoso, y al verla desespera!» Nada más permanece. Y en torno a la ruina del colosal naufragio, sin límites, se extiende la arena lisa y sola que en el principio era». Traducción de Leopoldo Panero