Las fiestas de Deméter son las primeras en honor a una deidad crónida que celebramos juntos en el ciclo anual. Finalmente, una de las hermanas de Zeus llega al altar doméstico, que cubrimos de trigo como símbolo de fertilidad y abundancia.
El acontecimiento más importante de esta época del año es esta festividad dedicada a la gran diosa madre, Deméter, y se divide en tres momentos. La primera parte, marca el reencuentro de la fertilidad con su promesa amada: Perséfone, la semilla que germina en un ciclo eterno. Ambas, madre e hija, forman una dualidad inseparable que simboliza la Tierra como fuente de vida y alimento. Las dos siguientes celebraciones en su honor son el plenilunio de Deméter y la Fordicidia.
El Equinoccio de Primavera señala el retorno de Perséfone, la hija amada, con el sol que trae la vida primaveral. Más allá de la explicación alegórica sobre el origen de las estaciones, este reencuentro es un momento de gratitud, pues hemos superado el rigor del invierno y su oscuridad, retornando ahora a la luz y la esperanza.
Además de decorar el altar con espigas de trigo, entonamos los Himnos Homéricos a Deméter, particularmente el "Himno II", que narra el doloroso viaje de la diosa en busca de su hija y el eventual reencuentro que renueva el ciclo de la vida. Ante una representación de la Diosa, recitamos:
"Deméter de doradas espigas, señora venerable, gloriosa entre las deidades, generosa proveedora de alimentos para los mortales".
Para comprender mejor el vínculo entre Deméter y Perséfone, recordamos también las palabras del poeta Píndaro:
"Bendito aquel que ha visto estas cosas antes de descender bajo la tierra. Conoce el fin de la vida y su principio dado por los dioses".
Estas palabras nos conectan con los misterios sagrados de Eleusis y con la promesa de renovación espiritual que representan.
Tras un análisis retrospectivo del invierno, bajo el calor renovador del sol, presentamos una ofrenda simbólica a la Diosa: una corona de olivo y trigo o espiguilla.
La espiguilla o cebadilla ratonera -Hordeum murinum- germina en esta época en bordes de caminos, similar a trigales en miniatura, ondeando al pasar los coches. Es una presencia común en zonas secas y, especialmente, cerca de asentamientos humanos. Está presente en América, Asia, África y Europa. Y aunque no es adecuada para el consumo humano ni como forraje, es una planta que puede representar al trigo, más difícil de conseguir en grandes urbes.Mientras dejamos nuestra ofrenda, recitamos los versos finales del "Himno Homérico a Deméter":
"Dadme, benévolas, una vida agradable como recompensa a este canto y yo volveré a acordarme de ti en otro canto".
Este acto no solo celebra la fertilidad y la luz que regresa, sino que también renueva nuestra conexión espiritual con Deméter y Perséfone, recordándonos el equilibrio eterno entre la oscuridad y la luz, el invierno y la primavera.
Celebraremos el mes de Deméter y el Equinoccio de primavera a través de las historias de amor que culminaron en flor: Narciso, Jacinto, Adonis, Lotis, Dafne y Cipariso.
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