El libro enfatiza la importancia cultural y espiritual de los Misterios Eleusinos. Explica cómo los iniciados vivían una experiencia transformadora y un entendimiento más revelador de la existencia a partir de su participación en los mismos.
La investigación destaca el papel central de la kykeon, una bebida consumida durante los rituales, contenía un compuesto alucinógeno derivado del cornezuelo del centeno -Claviceps purpurea-, un hongo que puede producir efectos similares al LSD.
Se argumenta que el consumo de la kykeon facilitaba el éxtasis místico, un estado alterado de conciencia que permitía a los participantes experimentar una "muerte simbólica" y una posterior renovación espiritual.
Las hipótesis se apoyan un trabajo interdisciplinario, mediante el cual Se examinan los textos clásicos y los testimonios históricos sobre la experiencia de los Misterios. Hofmann, conocido por haber sintetizado el LSD, aporta su experiencia para identificar posibles sustancias psicoactivas. Ruck analiza los relatos mitológicos y lingüísticos, encontrando paralelismos entre los efectos psicodélicos y las experiencias descritas en las fuentes.
Otro aspecto destacable de su investigación es el impacto cultural y filosófico que pudo aportar en las obras de Platón el haber formado parte de los "epoptes" -los que han visto-. De modo que los Misterios Eleusinos habrían influido profundamente en figuras las mentes destacadas de la Grecia antigua, moldeando aspectos de la filosofía y la espiritualidad occidental.
Wasson, un etnomicólogo, Hofmann, el químico que estudió el LSD en profundidad, y Ruck, un estudioso de la cultura griega, unen sus conocimientos para ofrecer esta perspectiva única. Aunque la hipótesis no es universalmente aceptada, ha generado un debate significativo sobre la relación entre religión, química y espiritualidad. Todo ello lo hace una lectura obligada para los amantes del dodecateísmo.
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