Se decía que cuando Perséfone ascendía desde el mundo subterráneo, trayendo consigo la primavera y el renacimiento, las grullas eran las primeras en anunciar su llegada.
Entre el 20 de febrero y el 10 de marzo, la migración de las grullas alcanzan su máximo esplendor. Durante el invierno, las grullas se encuentran en el norte de África y la Península Ibérica. En primavera y verano, migran hacia el norte de Europa, en países como Alemania, Finlandia, Noruega y Estonia. Alzan el vuelo en formaciones imperfectas, cruzando los cielos, como si con sus alas tejieran una conexión entre los reinos de lo terrenal y lo celestial. Han sido símbolo de esperanza para los agricultores, quienes veían en su aparición la promesa de cosechas abundantes y la renovación de la vida que siempre seguía al letargo del invierno.Las grullas no solo representaban el ciclo de las estaciones, sino también la longevidad y la constancia. Tal como los cultivos renacían año tras año bajo la protección de Deméter, así también estas aves regresan a los mismos campos, fieles a la tierra que las alimentaba. Por ello, en los ritos dedicados a Deméter y Perséfone, se consideraba un buen augurio ver una grulla surcando el cielo, pues era una señal de que la diosa había bendecido el suelo con su bondad infinita.
En los templos de Deméter, los sacerdotes narraban cómo estas aves eran testigos de los secretos divinos, observando desde las alturas la unión sagrada entre madre e hija. Y así, generación tras generación, la grulla permaneció como un símbolo de renovación y la promesa eterna de que la vida siempre volvería a florecer.
Otra ave relacionada directamente con los dioses es el cuervo. Los cuervos son aves de tamaño mediano a grande, con una longitud que varía entre 45 y 67 cm. Tienen un plumaje negro brillante que puede mostrar reflejos azulados o púrpuras bajo la luz del sol. Sus ojos son oscuros y su pico es fuerte y ligeramente curvado. Son conocidos por su inteligencia y habilidades para resolver problemas. Son aves muy sociales y suelen vivir en grupos. Tienen una amplia variedad de vocalizaciones y son capaces de imitar sonidos, incluyendo la voz humana.
En los tiempos en que los hombres caminaban entre los dioses y los animales hablaban con lenguas antiguas, el cuervo era una criatura de plumaje blanco, brillante como la nieve bajo el sol. Apolo, el portador de la luz y el arte, lo eligió como su mensajero, confiando en su agudo ojo y su vuelo rápido para llevar las palabras del dios a los rincones del mundo.
Un día, Apolo, enamorado de la bella Coronis, envió al cuervo para vigilarla mientras él cumplía con sus deberes divinos. Sin embargo, el ave, al descubrir que Coronis había traicionado el amor del dios, se llenó de furia. En su prisa por llevar la noticia a Apolo, sus palabras se volvieron amargas y llenas de reproche. Al escuchar el mensaje, el corazón de Apolo se oscureció, consumido por la ira y el dolor.
Pero cuando la verdad se reveló del todo, Apolo comprendió que el cuervo, aunque leal, había actuado con una dureza que agravó la tragedia. En su dolor, el dios lanzó su luz sobre el ave, transformando su plumaje blanco en un negro profundo, como una sombra bajo el sol. “A partir de ahora”, declaró Apolo, “serás un recordatorio de que incluso los más leales pueden caer en el exceso. Pero tu inteligencia y tu lealtad permanecerán”.
Desde entonces, el cuervo se convirtió en el compañero sombrío de Apolo, representando su papel de vigía, posado en las ramas de los laureles sagrados del dios, vigilando con ojos brillantes como brasas, como si todavía llevara consigo el fuego de la verdad y el juicio divino.
Hoy en día sabemos que existen los cuervos blancos, aunque son extremadamente raros. Estos cuervos blancos suelen ser el resultado de una condición genética llamada leucismo, que causa una reducción parcial en la pigmentación de las plumas. A diferencia del albinismo, el leucismo no afecta el color de los ojos, por lo que los cuervos leucísticos pueden tener ojos oscuros.
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