En tu cuerpo duermo esta noche,
Apilado sobre tu carne, abrigado
Sintiendo tu calor, tus formas
Siento tus rosados labios
que me arrancan la boca.
Siento que me quiebro, me rearmo,
entre tus piernas, entre tu musculatura.
Despojado de ropa entre tus brazos,
sintiendo cada una de tus partes.
Tus manos me recorren, me conocen.
Tus ojos destellan un color claro.
Ilumina el cuarto nuestro fuego,
Y. sin embargo, estamos tan quietos...
Ahora susurro palabras a tu oído,
balbuceo deseos no descritos
y escucho el quebrar de mis venas,
(aún no puedo creer que estés aquí conmigo).
Y rompiendo las murallas, entre sábanas,
los espíritus se encienden en la noche
y el ajenjo de Eros gira dentro nuestro.
¡Cuánta belleza, ardemos por dentro,
entre brillos de lava y aromas de incienso!
Llenan el aire los gemidos pasionales
y afuera los fantasmas giran en círculo,
consagrando este momento único.
Y mientras, por las ventanas empañadas
repetimos el sagrado rito,
cada vez más placentero, más pleno.
Los dioses nos regalan la inmortalidad
y este momento se hace eterno...
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