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Jacinto

En los memorables valles de Esparta nació Jacinto, un joven cuya hermosura era tan espléndida que parecía haber sido modelado por las propias manos de los dioses. Era hijo del rey Amiclas y de Diomeda, o, según otros relatos, de la musa Clío, lo que explicaría no solo su atractivo físico, sino también su espíritu noble y su gracia natural. Desde su infancia, Jacinto atrajo la atención de los inmortales, quienes veían en él un reflejo de la perfección terrenal.

Entre los dioses, fue Apolo quien se sintió profundamente cautivado por el joven príncipe. El dios del sol, la música y la poesía bajó del Olimpo para pasar tiempo junto a Jacinto, enseñándole el arte de la música, la poesía y el lanzamiento del disco. Su amistad era tan íntima que algunos decían que incluso los vientos se detenían para escuchar la risa de Jacinto cuando estaba con Apolo.

Sin embargo, no solo Apolo amaba al joven espartano. Céfiro, el dios del viento del oeste, también lo deseaba, pero su amor no era correspondido. Céfiro, consumido por los celos al ver la unión entre Apolo y Jacinto, decidió actuar en secreto para reclamar lo que creía suyo.

Un día, Apolo y Jacinto practicaban el lanzamiento del disco en los campos. Apolo, con su habilidad divina, lanzó el disco con tal fuerza que este surcó el cielo como un rayo. Jacinto, emocionado, corrió tras él para atraparlo. Sin embargo, Céfiro, en su enojo, desvió el disco con un soplo de viento, haciéndolo chocar contra la cabeza de Jacinto.

El joven cayó al suelo, mortalmente herido, mientras Apolo corría hacia él, desesperado por salvarlo. Sosteniendo a Jacinto en sus brazos, el dios intentó utilizar sus poderes para curarlo, pero las heridas eran demasiado graves incluso para él. Jacinto, con su último aliento, miró a Apolo y le ofreció una débil sonrisa, agradeciéndole por el tiempo que habían compartido.

Cuando Jacinto murió, Apolo, lleno de dolor, juró que su memoria nunca sería olvidada. Desde la sangre que manchó la tierra brotaron flores con vetas de sangre: los jacintos.

Apolo instituyó festivales en honor a Jacinto, los Hiacintios, celebrados en Esparta con juegos, danzas y sacrificios. Estos actos no solo recordaban su belleza y su nobleza, sino que también honraban el vínculo inquebrantable entre los dioses y los hombres, un recordatorio de que incluso los inmortales sienten el dolor de la pérdida.

En la época victoriana, el lenguaje de las flores otorgaba al jacinto significados específicos según su color: el jacinto azul representaba la constancia, el rojo o rosa simbolizaba el juego y la diversión, y el blanco significaba la belleza o la oración. Poseer un jardín perfumado cubierto de jacintos era un símbolo de estatus, tanto como tener un buen atuendo. Los festivales de flores eran muy populares, los jardines victorianos habitualmente incluían jacintos en sus exposiciones por su fragancia y belleza. 

En la actualidad, el Festival de Flores de Keukenhof, también conocido como el "Jardín de Europa", es uno de los eventos florales más grandes y famosos del mundo. Se celebra anualmente en Lisse, Países Bajos, y atrae a millones de visitantes de todo el mundo. El parque de Keukenhof se extiende por más de 32 hectáreas y exhibe aproximadamente 7 millones de flores de bulbo, incluyendo tulipanes, narcisos, jacintos y muchas otras variedades.

El festival tiene lugar durante la primavera, generalmente desde finales de marzo hasta mediados de mayo, cuando las flores están en plena floración. Los visitantes pueden disfrutar de impresionantes jardines temáticos, exposiciones florales, y actividades relacionadas con la horticultura. Además, el parque ofrece paseos en barco por los canales circundantes, lo que permite a los visitantes apreciar la belleza de los campos de flores desde una perspectiva diferente.

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