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Misterios Eleusinos


Deméter y Perséfone con un κεκρύφαλος -ὁ kekryphalos- sosteniendo una enigmática flor. (c.470–460 a.n.e.) 

Los misterios eleusinos se celebraban en el mes de Boedromión, correspondiente a septiembre/octubre, el primer mes del calendario ático. Estas ceremonias sagradas, de una duración de nueve días, comenzaban con el traslado de los objetos sagrados desde Eleusis hasta Atenas. Según Pausanias, el hierofante, perteneciente a la familia de los Eumólpidas, ocupaba el cargo más alto en los rituales, acompañado por el dódoco o dadujos, un sacerdote de la familia de los Cérices que portaba la antorcha sagrada.

Como comentamos, el núcleo de los misterios se basaba en el relato de la búsqueda de Deméter por su hija Perséfone, raptada por Hades. En el Himno homérico a Deméter se describe cómo Deméter llegó disfrazada de anciana a Eleusis, donde fue recibida por el rey Céleo y la reina Metanira. En agradecimiento por su hospitalidad, intentó otorgar la inmortalidad a Demofonte, hijo de la pareja, pero al ser interrumpida, no completó el ritual. Más tarde, instruyó a Triptólemo, otro hijo de Céleo, en el arte de la agricultura y lo envió a difundir este conocimiento por el mundo.

Las ceremonias incluían procesiones, ayunos, baños rituales y sacrificios de cochinillos, como describe Aristófanes en "Las ranas". Los participantes, conocidos como "mistas" -iniciados-, tras completar los ritos se convertían en "epoptes" -los que han visto-. El secreto era un elemento crucial de los misterios, y según Plutarco, revelar los rituales estaba castigado con la muerte o el exilio. La palabra "misterio" deriva de myein, que significa "cerrar" -los ojos o la boca-, reflejando el carácter reservado de estas ceremonias.

En los primeros días, los misterios menores se celebraban en Atenas. Plutarco menciona que los iniciados ayunaban y se purificaban en el puerto de Cántaro. Durante el sacrificio de un cochinillo, las impurezas del participante eran transferidas al animal, que actuaba como un chivo expiatorio. También se realizaban ritos en los que los mistas imitaban la tristeza de Deméter cubriéndose con paños de lana, mientras sacerdotisas los purificaban con antorchas.

El sexto día, los iniciados regresaban a Eleusis en procesión por la Vía Sacra, portando los objetos sagrados. En este trayecto se recordaba a figuras como Yaco e Yambe, cuya capacidad de hacer reír consoló a Deméter en su dolor. En el río Cefiso, espectadores se burlaban de los procesionarios en un ritual descrito por Aristóteles en "Constitución de los atenienses", destinado a ahuyentar los malos espíritus y promover la fertilidad.

Al llegar a Eleusis, los participantes ayunaban en honor a Deméter y rompían el ayuno con el ciceón, una bebida de cebada y poleo, mencionada en el "Himno homérico a Deméter". Estudios modernos sugieren que esta bebida podría contener sustancias psicoactivas, como el cornezuelo del centeno.

El recinto sagrado incluía una cueva dedicada a Hades y un pozo que simbolizaba el Inframundo. El Telesterion, descrito por Pausanias, era un templo cerrado con gradas interiores donde los participantes observaban los rituales. En su centro se encontraba el Anaktoron, que albergaba los objetos sagrados y solo era accesible para el hierofante.

El ritual final culminaba con representaciones de Deméter y Perséfone, y los iniciados recitaban la fórmula ritual: «He ayunado, he bebido el ciceón, he cogido de la cesta, he realizado los actos rituales y lo he depositado en el cesto». Plutarco en "Sobre la superstición" menciona que el propósito principal era transformar la percepción de la muerte, inspirando esperanza y alegría.

En la culminación del ritual, el hierofante mostraba un objeto sagrado en la oscuridad, proclamando: «La Augusta ha dado a luz un niño sagrado, la Fuerte ha dado a luz al Fuerte». Según Homero, este acto simbolizaba la regeneración y el renacimiento, representados por una semilla y una espiga.

Los misterios terminaban con un festín y danzas en el Campo Rhario, el primer lugar donde creció el grano, según Pausanias. El sacrificio de un toro marcaba el cierre de las ceremonias, y al día siguiente, los participantes regresaban a sus hogares.

Celebrados desde el 1500 a.C., durante la época micénica, hasta su desaparición en el 395 d.C. tras la destrucción del santuario por los godos de Alarico, los misterios eleusinos dejaron un legado que transformó profundamente la espiritualidad del mundo antiguo. Como señala Cicerón en "Sobre las leyes": «Entre todas las instituciones humanas, ninguna es más noble que los misterios de Eleusis».

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