En los memorables valles de Esparta nació Jacinto , un joven cuya hermosura era tan espléndida que parecía haber sido modelado por las propias manos de los dioses. Era hijo del rey Amiclas y de Diomeda , o, según otros relatos, de la musa Clío , lo que explicaría no solo su atractivo físico, sino también su espíritu noble y su gracia natural. Desde su infancia, Jacinto atrajo la atención de los inmortales, quienes veían en él un reflejo de la perfección terrenal. Entre los dioses, fue Apolo quien se sintió profundamente cautivado por el joven príncipe. El dios del sol, la música y la poesía bajó del Olimpo para pasar tiempo junto a Jacinto, enseñándole el arte de la música, la poesía y el lanzamiento del disco. Su amistad era tan íntima que algunos decían que incluso los vientos se detenían para escuchar la risa de Jacinto cuando estaba con Apolo. Sin embargo, no solo Apolo amaba al joven espartano. Céfiro , el dios del viento del oeste, también lo deseaba, pero su amor no era corresp...